
Obligadas a cubrirse en público de pies a cabeza con un velo, excluidas de las escuelas, las universidades y los puestos de trabajo, y sometidas a castigos corporales o incluso a la muerte por violar los códigos de la sharía, hace una generación la población femenina se llevó la peor parte de las políticas represivas de los talibanes en Afganistán.
Los portavoces talibanes han afirmado que esta vez las cosas serán diferentes, y han declarado a los medios de comunicación que las mujeres podrán trabajar y estudiar, e incluso ocupar cargos en el Gobierno.
Aunque para los familiares de Nadia Qadire, nacida en Suiza, no hay duda de lo que les depara el futuro.
“Para ellas es obvio: lo vivieron hace 20 años”, dice esta estudiante de máster en la Universidad de Berna, que a diario está en contacto con sus tías y primas. Todas se quedan en casa, sin poder ir a la escuela o a trabajar.
“Las mujeres y niñas afganas están educadas y son decididas y modernas: van a la escuela y a la universidad, trabajan como médicas, periodistas o profesoras, especialmente en ciudades como Kabul”, explica Nadia Qadire, que este verano ha visitado Afganistán, el país de origen de sus padres. “Así que [en los últimos días] sus vidas han cambiado por completo”.
Crece la preocupación por el hecho de que los talibanes no respeten los derechos humanos –especialmente los de las mujeres y las niñas–, mientras se hacen con el poder en muchas partes del país. Aunque no está claro si la comunidad internacional podrá evitar que la violación de los derechos se convierta en norma y conseguir que los talibanes rindan cuentas por sus actos.

Es discutible que la comunidad internacional pueda proteger a las mujeres y a las niñas vulnerables en el país de manera eficaz. Algunos líderes políticos de Occidente han pedido que en los próximos días se evacue a tantas mujeres y niñas como sea posible, y que en el largo plazo haya transparencia y supervisión.
Pero las evacuaciones han resultado difíciles y peligrosas. El 26 de agosto a las afueras del aeropuerto de Kabul se produjeron dos atentados en los que murieron al menos 180 personas. Los atentados se produjeron cuando los gobiernos intentaban completar a toda prisa las evacuaciones antes de la fecha límite del 31 de agosto, día en que los Estados Unidos deben concluir su salida del país.
También han faltado compromisos para acoger a afganos vulnerables. Suiza ha declarado que de momento no tiene planes para aceptar refugiados afganos a gran escala, más allá del personal local de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y sus familiares, una decisión muy criticada por los partidos políticos y las ONG nacionales e internacionales.
